Tom es un hombre cuya vida ha dejado de tener sentido. En pleno colapso mental se cruza en la carretera con Rachel, una joven que llega tarde a trabajar y que, nerviosa, recrimina a Tom con el claxon que no mueva su coche en un semáforo. A partir de entonces dará comienzo un peligroso juego del gato y el ratón en el que el torbellino de esta ira en la carretera traspasará cualquier límite que Rachel jamás haya imaginado. Salvaje toma como testigo la adrenalina y el pánico de otras películas con psicópatas al volante como El diablo sobre ruedas, Nunca juegues con extraños o Death Proof.
Ryan Bingham es un experto en despedir a gente, contratado de forma externa por otras empresas para reducir personal. Es un miembro mimado y de élite de todos los programas de fidelización de viajeros que existen. Sin embargo Ryan no tiene nada auténtico a lo que aferrarse. Cuando se siente atraído por una atractiva compañera de viaje, otra viajera frecuente, el jefe de Ryan, animado por una joven y advenediza experta en eficiencia, amenaza con atarle a un despacho. Enfrentado a la perspectiva, a la vez terrorífica de ser destinado a un puesto fijo, Ryan empieza a meditar sobre lo que puede llegar a significar el tener un hogar de verdad.