John Wick (Keanu Reeves) regresa a la acción, solo que esta vez con una recompensa de 14 millones de dólares sobre su cabeza y con un ejército de mercenarios intentando darle caza. Tras asesinar a uno de los miembros del gremio de asesinos al que pertenecía, Wick es expulsado de la organización, pasando a convertirse en el centro de atención de multitud de asesinos a sueldo que esperan detrás de cada esquina para tratar de deshacerse de él.
A Sam (Noomi Rapace), una experta guardaespaldas y agente contra-terrorista acostumbrada a trabajar en zonas de guerra, le asignan una misión que ella presupone rápida y fácil: la protección de Zoe (Sophie Nélisse), una joven y rica heredera. A Sam no se le da bien tratar con jóvenes consentidas ni a Zoe le atrae la idea de tener una niñera, pero un violento intento de secuestro obligará a ambas a salir huyendo. En el camino tendrán que acabar con algunas vidas o, de lo contrario, perder las suyas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Casablanca era una ciudad a la que llegaban huyendo del nazismo gentes de todas partes: llegar era fácil, pero salir era casi imposible, especialmente si el nombre del fugitivo figuraba en las listas de la Gestapo. En esta ocasión el principal objetivo de la policía secreta alemana es el líder checo y héroe de la resistencia Victor Laszlo, cuya única esperanza es Rick Blaine, propietario del ‘Rick’s Café’ y antiguo amante de su mujer, Ilsa. Cuando Ilsa se ofrece a quedarse a cambio de un visado para sacar a Laszlo del país, Rick deberá elegir entre su propia felicidad o el idealismo que rigió su vida en el pasado.